Hace un tiempo escuché que el ingenio humano es una realidad tan potente que nunca nos faltará trabajo. Quizá fue Drucker, aunque no lo recuerdo. Él defendía que el motor de la economía moderna no es la fuerza física ni la repetición, sino el trabajador del conocimiento. Para él, mientras una persona piense, aprenda y cree valor con su cabeza, siempre habrá trabajo, aunque cambien las herramientas. La tecnología no elimina el trabajo: lo transforma y lo desplaza hacia el ingenio.
Mientras haya ingenio humano, no faltará trabajo. Lo que faltará, a veces, es la valentía de usarlo.
Rosalía nos da una lección de ello, a lo grande. Nos dice que ha pasado tres años estudiando. Tres años leyendo, parando, buscando: vidas de santas, textos de distintas religiones, escritos de espiritualidad. Estudiando música, canto, técnica, tradición y nuevas formas. Escuchando mucho. Haciendo un viaje interior profundo, silencioso, exigente. No para producir rápido, sino para entender qué quería decir y desde dónde decirlo.
Y de todo eso ha salido un disco. Un disco que no es solo música. Es un cruce de lenguas, de estilos, de referencias culturales muy concretas, de textos que vienen de lejos y de vivencias muy personales. Un disco que no se explica del todo en una escucha, porque no nace de una fórmula, sino de una experiencia humana compleja.
Ahí hay algo difícilmente intercambiable. El ingenio humano no consiste en combinar bien cosas existentes, sino en haberlas vivido antes. En haberlas pensado. En haberlas dejado reposar. En haber pasado por dentro de ellas. Y luego, con todo eso, crear algo nuevo que diga algo verdadero.
Y de ese trabajo van a vivir muchas personas durante mucho tiempo. Económicamente, sí. Pero también culturalmente. Va a inspirar, a empujar, a abrir caminos, a provocar preguntas, a animar a otros a hacer cosas. A crear. A arriesgar. A decir algo propio.
El medio es el mensaje. Y en este caso, el propio disco —cómo se ha hecho, desde dónde, con cuánto tiempo y profundidad— ya está diciendo algo muy potente.
Por eso, cuando escucho que la inteligencia artificial nos va a quitar el trabajo, no puedo evitar pensar que quizá estamos mirando mal el problema. La IA puede ayudar, acelerar, ordenar, amplificar. Pero el ingenio que nace de la experiencia humana, de la cultura acumulada, del silencio, del riesgo y del tiempo… ese no se activa solo.
Tal vez la pregunta no sea si la inteligencia artificial nos sustituirá, sino si nosotros vamos a atrevernos a poner en marcha nuestro ingenio.

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